Un saludo cordial y afectuoso a los visitantes de este espacio de comunicación, pensado para compartir ideas e inquietudes en libertad... Luis Caro Figueroa.
El discurso aterrador de una militante durante el velatorio del ex Presidente Kirchner puso de manifiesto toda la intensidad de un momento muy particular que vive la política argentina... Leer aquí
El Censo 2010, "el operativo civil más importante del país", convertido en un instrumento al servicio de la ideología y el autobombo gubernamental... Leer aquí
Desde plegarias al Altísimo a notas a la superioridad, los salteños siempre nos dirigimos "hacia arriba". Nuestras relaciones sociales son mayormente ascendentes... Leer aquí.
Nací en esta hermosa ciudad y viví en ella muchos años de mi vida. Aquí descansan mis padres y pervive su memoria...
La capital del reino me acoge generosamente como lo hizo con tantos argentinos, entre ellos un tal Perón...
El pueblo donde nació mi padre, hoy irreconocible. Aquí pasé mi juventud e hice amigos para toda la vida...
En esta bellísima ciudad 'nací a las penas'. Junto a sus murallas conocí el lado más duro del oficio de vivir...
En el verano 1965/66, a mis siete años, mi padre me permitió operar por primera vez su estación de radioaficionado, la mítica LU9OA. Desde entonces no he abandonado el mundo de la comunicación. A estas alturas -por más que alguno se empeñe- ya no pienso hacerlo. Los micrófonos, los transformadores, las válvulas de vacío y las antenas fueron mis primeros juguetes. Nombres como Drake, Collins, Heathkit, Mosley, Swan, Kenwood o Yaesu eran entonces para mi tan familiares como lo son hoy para los adolescentes los de Apple, Blackberry, Twitter, Facebook, Google o YouTube.
Aprendí a utilizar las tecnologías de las comunicaciones antes que la pelota de fútbol. Mis hermanos mayores me enseñaron mis primeras letras con una antigua máquina Remington y los titulares de un diario de Salta ya desaparecido. Aprendí a leer y escribir cuando tenía tres años. A los seis, me animé a tocar la guitarra y a cantar en público. En mi casa me enseñaron a utilizar las herramientas de comunicación con responsabilidad y respeto hacia mis semejantes. El tiempo y la vida me han enseñado también a desaprender algunas cosas, a mirar la realidad de otro modo, a darme cuenta de mi infinita ignorancia y de la necesidad de seguir aprendiendo.
Aunque no me gustaba al principio la idea, comprendí que era necesario tener un sitio web personal. No por vanidad, sino para dos cosas muy prácticas: para evitar las suplantaciones de identidad (tan frecuentes en esta red) y para prolongar mi relación con las telecomunicaciones sin perder el hilo del progreso. Éste es, en definitiva, un sitio web personal de alguien que solo desea -porque lo merece- pasar desapercibido.