Mis escritos
Como ya expliqué más de una vez en estas mismas páginas, el asunto de las naciones y sus fronteras me trae más bien al fresco. Procuro vivir como si en el mundo no existieran los países y las fronteras, y de hecho vivo en un continente que alguna vez tuvo el acierto de abolirlas parcialmente, aunque hoy la tendencia sea, como todo el mundo sabe, la contraria.

Hay dos verdades que parecen inconmovibles en los debates públicos de nuestro país: 1) que los estadistas son mejores que los políticos, o preferibles a ellos, y 2) que las constituciones son más importantes que la Ley.

El pasado jueves, bajo un sol de justicia y una temperatura criminal, mi mujer y yo nos encaminábamos hacia un supermercado alemán recientemente abierto en Alcobendas, cuando junto a unos contenedores de basura vimos unas cinco pilas de libros prolijamente colocados y ordenados por su tamaño.

Si algún día se me ocurriera proponer a los salteños mi candidatura a Gobernador, seguramente les diría: «Un grupo de comprovincianos, de cuyo equilibrio mental dudo muy seriamente, ha resuelto que sea yo su candidato a Gobernador de Salta. He aceptado el desafío y, por tanto, competiré en las próximas elecciones y me someteré humildemente al voto de los ciudadanos».

Las modernas doctrinas jurídicas que justifican una mayor y más perfecta protección de la intimidad de las personas, tienden a considerar al hogar familiar y a las actividades que las personas desarrollan en él como la "última frontera" de este derecho fundamental. Por razones que no son del caso analizar aquí, estas teorías no distinguen -todavía- entre los diferentes "niveles" de intimidad de las diversas partes del hogar de las personas; pero no está muy lejano el momento en que el derecho consagre la existencia de espacios "ultraíntimos" dentro del propio hogar familiar.

El combate contra la exclusión social requiere, como condición previa, la más plena difusión de los valores de la ciudadanía; es decir, requiere que los excluidos -antes de los derechos sociales- disfruten de sus derechos políticos, en plenitud, sin interferencias y sin restricciones.

Nuestros espíritus, pequeños y aldeanos, estarían condenados al infierno eterno de la estupidez y la ignorancia si de vez en cuando no recibiéramos de aquellos espíritus grandes, generosos y benevolentes, lecciones magistrales de apertura mental que nos recuerden lo pequeño que somos y todo lo que nos falta recorrer para alcanzar esas excelsas cotas de sabiduría ancestral que distinguen a los salteños más 'grandes'.

Uno de los más graves problemas de la segunda década del siglo XXI es la creciente desafección de los ciudadanos hacia los políticos y la pérdida de confianza del pueblo en sus dirigentes e instituciones.

Contrariamente a lo que se suele creer, la decadencia social es un fenómeno que se aprecia mejor -aunque no siempre a primera vista es más perceptible- cuando las sociedades viven un periodo de expansión económica que cuando se encuentran sumergidas en la crisis.

Para los estadounidenses, inventores de la criatura, el federalismo es más una cuestión práctica que teórica. Así lo pone de relieve la abundantísima jurisprudencia de la Corte Suprema norteamericana que, por algún motivo, se ha venido preocupando por aligerar a la idea federalista de su carga dogmática.

Muchas veces me he preguntado por qué motivo la política de Salta no es mejor de lo que es. Por qué razón esta actividad que practicamos desde hace siglos y que a menudo nos promete que seremos más felices, o menos infelices de lo que somos, da siempre la impresión de no servir ni siquiera para solucionar nuestros problemas más simples.

Particularmente, no tengo nada contra los edificios altos de Salta (nací en un piso 23º). Sin embargo, encuentro algo de razón en la rabiosa campaña que lleva adelante una conocida ONG salteña contra esta especie de obsesión por la propiedad horizontal que está dominando el alma de algunos especuladores que, en vez de proyectar una Salta "de altura" en áreas periféricas de la ciudad, se empeñan en echar abajo lo poco que de bonito queda en pie en el centro de nuestra capital para construir allí edificios cuya sostenibilidad, ambiental y estética, resulta a estas "alturas" de la soirée sumamente dudosa.

LCF - 1977
eXTReMe Tracker