Mis escritos
Mañana, día miércoles 27 de octubre, se realizará en todo el territorio argentino el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010.

Este censo, cuya importancia resulta innegable, no sólo como instrumento estadístico, sino como medida de la capacidad de organización y despligue del gobierno, y como indicador del compromiso de los ciudadanos con el progreso, ha sido precedido de una publicidad oficial más bien desconcertante.

Creo que por primera vez en la historia de los censos nacionales argentinos (el primero de ellos en 1869) el relevamiento del potencial humano y económico del país ha dejado de ser algo neutro para adquirir un sesgo marcadamente ideológico y de autobombo gubernamental; lo cual no estaría del todo mal si este pequeño detalle propagandístico no inclinara a algunas personas a recelar del censo, por razones ideológicas o por antipatías coyunturales con los que gobiernan.

En la página oficial del gobierno argentino, por ejemplo, se califica al Censo Nacional de 2011 como "la movilización civil de mayor envergadura que encara un país, por la cantidad de recursos humanos y materiales que involucra".

No digo que esto no sea cierto, sobre todo si se tiene en cuenta que el gobierno lanzará a la calle nada menos que a 650.000 encuestadores.

Pero esta cifra, por sí sola, indica que el censo no sólo es la "mayor movilización civil" del país, sino que probablemente el despliegue supere en número y complejidad a cualquier otra movilización, incluidas las militares, que -muy felizmente- se encuentran últimamente de capa caída.

El gobierno solemniza lo obvio para poner sus propios méritos por delante de la importancia del censo.

Parecida perplejidad provoca el anuncio de que el Censo Nacional de 2011 (el Censo K o el Censo U, dependiendo de la jurisdicción) es un "censo inclusivo".

Según dice la misma página oficial que antes he citado, el Censo de 2011 abarcará a "todos los habitantes, sean argentinos o extranjeros". Todos ellos recibirán la visita del censista.

Pero es que, si la memoria no me falla, los censos de esta naturaleza existen precisamente para censar a todos los habitantes, incluidos los que se encuentren de paso en algún lugar.

Por tanto, parece un poco extravagante pregonar el carácter 'inclusivo' de un censo que se supone de antemano que no puede ni debe dejar a nadie fuera.

No creo que esté bien transmitir a los ciudadanos la idea de que "el que se mueve no sale en la foto". O el censo es para todos o no es un censo.

Si bien no tengo una memoria prodigiosa como la de mi amigo el doctor Toto Correa (que recuerda vivamente que fue bautizado de pocos meses vistiendo un trajecito rojo), es muy posible que mis datos personales fueran recogidos por primera vez por una amable censista que, prolijamente vestida, visitó mi casa en el lejano año de 1960.

Tal vez por su carácter civil e igualitario y por el respeto que infunden los trabajos de personas serviciales como los censistas de aquel entonces, fui educado para simpatizar con los censos.

No porque éste en particular tenga un sesgo ideológico muy fuerte o porque haya sido publicitado con obviedades que no hacen sino desfigurar sus altos fines, voy a dejar de sentirme apenado por no poder recibir en esta ocasión la amable visita del censista.

Que el Censo Nacional 2011 nos encuentre incluidos o dominados.

LCF - 1977
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