Mis escritos
Una de las derrotas más estrepitosas de la democracia consiste en que, después de 27 años, los salteños no hemos sido capaces de acabar con ciertas desigualdades relacionadas con la organización jerárquica y estamental de nuestra sociedad.

Por mucho que soplen vientos de igualdad desde el poniente, a los salteños nos cuesta un perú relacionarnos con los demás sin situar al semejante en un escalafón, real o imaginario, y sin hacernos una idea aproximada sobre sus auténticas coordenadas sociales.

Ya no se trata solamente del trato entre generales y sargentos, entre obispos y sacerdotes o entre el gobernador y los subsecretarios. En Salta, todos los días, casi todo el mundo, despliega una intensa actividad "elevatoria".

Los hay que elevan a diario "plegarias al Altísimo", lo cual ciertamente es comprensible. Pero también están los que "elevan" notas y pedidos del más variado tenor.

Es razonable que, cuando los ciudadanos se presentan a alguna autoridad para ejercer su derecho a peticionar, se hable de que están "elevando" un petitorio.

Sin embargo, parece exagerado decir que el Poder Ejecutivo "elevará" a la Legislatura determinado informe solicitado por las cámaras, o que un juez "elevó" al Ministro de Gobierno los antecedentes de un determinado asunto.

Más exagerado todavía es leer que la Secretaría de Control Comercial y Participación Ciudadana de la Municipalidad de Salta "elevó" una propuesta laboral a los empleados de la antigua Dirección de Protección Ciudadana.

En los dos primeros casos, la independencia de los poderes del Estado impide establecer relaciones jerárquicas entre ellos, es decir, situar a uno a diferente altura que el otro. Cuando el Poder Ejecutivo comunica algo al Legislativo no "eleva" nada porque la autoridad del último no se halla por encima de la del primero.

Lo mismo sucede en el caso de los jueces, con la diferencia de que cada uno de ellos, cuando ejerce la función jurisdiccional, encarna a título individual el Poder Judicial del Estado. No hay, pues, ministros ni otros funcionarios que estén por encima de ellos.

El caso de la Municipalidad es más llamativo porque si algo hizo la secretaria Fiore no fue "elevar" una propuesta sino, más bien todo lo contrario, es decir que lo que hizo fue "descenderla", ya que se dirigió a unos agentes que se supone son subordinados suyos.

Tampoco "elevan" nada los sindicatos que negocian con sus contrapartes patronales (y viceversa), porque aunque desiguales desde el punto de vista económico, las relaciones laborales son jurídicamente igualitarias, por lo menos en su faz colectiva. Y ello, aunque el empleador sea el mismísimo Estado o la más poderosa de las multinacionales.

Si los salteños seguimos elevando y elevando, llegará un día en que nuestras peticiones y ruegos llegarán hasta el pedestal del Altísimo propiamente dicho.

Por tanto, sería bueno que a alguien se le ocurriera "elevar" una sugerencia al INADI para que -así como nos esforzamos por desterrar el lenguaje sexista- hagamos también el esfuerzo por tratar a nuestros semejantes como iguales y no como seres separados de nosotros por los interminables peldaños de una escalera.

Esto es tan sencillo como plantearse si es justo e igualitario que una señora "eleve" un pedido a su marido para hacer la compra del almacén, el amor, o para llevar los chicos a la escuela.

Si hay igualdad en nuestra sociedad, será mejor que se note.

LCF - 1977
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