Mis escritos
Me ha sorprendido, y mucho, la noticia de que el próximo fin de semana se realizará un desfile "cívico-gaucho" en Campo Quijano.

Hasta aquí, estábamos en cierto modo acostumbrados a la anormalidad de que en nuestros pueblos y ciudades se lleven a cabo desfile "cívico-militares", pero esto de los desfiles "cívico-gauchos" es realmente novedoso.

Los desfiles cívico-militares siempre me han despertado alguna curiosidad, porque el civismo, entendido como el "celo por las instituciones e intereses de la patria" (según lo define el Diccionario) es algo que incumbe, casi por igual, tanto a civiles como a militares.

Lo que me llama la atención de estos desfiles mixtos entre personal con estado castrense y ciudadanos que no pertenecen a las Fuerzas Armadas o de seguridad, es que el hecho de desfilar, en sí mismo, es más una cuestión militar que cívica.

Porque el verbo "desfilar" tiene una acepción civil (marchar en fila) pero también otra que es claramente militar: "Dicho de las tropas: En ciertas solemnidades, marchar en formación ante alguna autoridad".

Ocurre, pues, que los civiles que toman parte en los desfiles de actos patrios y fiestas patronales, no se limitan a "marchar en fila" sino que, tratándose de una solemnidad (o de algo que lo parece), suelen desfilar con gestos marciales, dando voces de mando (por ejemplo, ¡vista derecha!) y reverenciando a la autoridad.

Es decir, que los desfiles cívico-militares bien podrían llamarse solo cívicos o solo militares, pues si de lo que se trata es de demostrar celo, cuidado o respeto por las instituciones e intereses de la patria, es tan cívico el comportamiento de un militar como lo es el de un civil; y si la cuestión es marchar en formación ante alguna autoridad, el comportamiento de un civil no difiere, en lo sustancial, con el de un militar.

El gaucho

Lo que es verdaderamente sorprendente es que haya desfiles "cívico-gauchos".

Esta poco feliz expresión está dando a entender que los gauchos no son ciudadanos o que el civismo no forma parte de sus valores, cuando a menudo (y tratándose de gauchos de verdad) sucede todo lo contrario.

¿Son los gauchos de Salta una categoría especial interpuesta entre los ciudadanos y los soldados?

Habría que responder a esta pregunta, porque muchas veces los gauchos, puestos a defender la esencia de sus tradiciones y su razón de ser, suelen adoptar posiciones de fuerza, como aquel robusto y embigotado gaucho que amenazó alguna vez con movilizar los fortines con el propósito de impedir (a fustazo limpio) una supuesta afrenta a la figura del General Güemes.

Si realmente entre los ciudadanos y los gauchos hay diferencias ontológicas, o meramente cualitativas; si existe el "fuero gaucho", si estamos frente a una categoría excepcional de personas, se podría decir mañana -con cierta propiedad- que las procesiones y misachicos (a las que también acuden los ateos) son en realidad "desfiles cívico-eclesiásticos" o que las manifestaciones obreras son "desfiles cívico-sindicales". O incluso que las marchas presididas por la bandera arco iris -a las que también acuden heterosexuales- son desfiles "cívico-gays".

Cuando se anteponen los status sectoriales a la ciudadanía se rompe la república, ni más ni menos. Confiemos en que no llegue el día en que al Gobernador de Salta se le ocurra convocar a unas elecciones "cívico-gauchas" en donde podrán votar las personas y, además, los gauchos.

En definitiva, que la sectorización de los desfiles populares es muy parecida a aquel titular de Crónica TV sobre el accidente fatal en Flores y que decía: "Mueren dos personas y un boliviano".

LCF - 1977
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