Cerrillos
En este pueblo del Valle de Lerma salteño nació mi padre en 1910. Mi abuelo paterno fue maestro aquí, construyó su casa y fundó una gran familia. Mi abuelo materno -que también era maestro- solía pasar en Cerrillos sus veranos. Nuestra vieja casa familiar de Villa Los Tarcos, construida en 1950, guarda los recuerdos de la infancia y de la juventud. Mi padre y mi madre eligieron este lugar para vivir sus últimos años.
En Cerrillos forjé amistades duraderas y aprendí a abrirme al mundo, a través de la radio, de la literatura y de la música.
Pero aquel era un Cerrillos diferente, más odenado, más previsible, más humano. El de hoy es un suburbio bastante venido a menos, por motivos que son fáciles de imaginar pero quizá no tan fáciles de corregir. La mayoría de mis amigos ha emigrado y los que se han quedado añoran, como yo, los tiempos en que Cerrillos era un pueblo limpio, festivo y rodeado de bellezas naturales.
Si Dios quiere, algún día volveré allí, a la casa de Villa Los Tarcos, situada al pie de los cerros pequeños que dan su nombre al pueblo. Lo haré cuando todo indique que va siendo hora de que me reúna con mis padres.