Ávila

Ávila
En esta ciudad de Castilla La Vieja viví años inolvidables, sin lugar a dudas. Lo fueron por muchos motivos. Aquí nació mi segundo hijo y viví la intensa amargura de perder definitivamente a su madre. Suelo volver allí respirar el aire de sus murallas, a visitar la iglesia de la Santa, a recorrer sus conventos, a comer de vez en cuando las mejores patatas revolconas del mundo y acercarme a su rastro a mirar las serranías que se alzan tras los nidos de las cigüeñas y a escuchar las campanadas de las iglesias.

He conocido pocas ciudades con tanto carácter con Ávila. Me siento un privilegiado por haber podido vivir allí, por haber disfrutado de ese frío tan estimulante y de la amistad de personas que me ayudaron desinteresadamente en los momentos más duros que me tocó vivir.

Una parte de mí todavía vive entre las murallas, porque siento que mis mejores energías y buena parte de mi talento juvenil encontraron en Ávila un espacio ideal para desplegarse en libertad.

Fueron muchas las personas que me ayudaron y muchas también a las que ayudé. Pero estoy en deuda con ellas, porque cuando más lo necesité (y lo necesitaron mis hijos), recibí en Ávila el cariño, la comprensión y el acompañamiento que necesitaba para reencauzar la vida después de un golpe durísimo.

LCF - 1977

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