Un saludo cordial y afectuoso a los visitantes de este espacio de comunicación, pensado para compartir ideas e inquietudes en libertad... Luis Caro Figueroa.
El discurso aterrador de una militante durante el velatorio del ex Presidente Kirchner puso de manifiesto toda la intensidad de un momento muy particular que vive la política argentina... Leer aquí
El Censo 2010, "el operativo civil más importante del país", convertido en un instrumento al servicio de la ideología y el autobombo gubernamental... Leer aquí
Desde plegarias al Altísimo a notas a la superioridad, los salteños siempre nos dirigimos "hacia arriba". Nuestras relaciones sociales son mayormente ascendentes... Leer aquí.
Nací en esta hermosa ciudad y viví en ella muchos años de mi vida. Aquí descansan mis padres y pervive su memoria...
La capital del reino me acoge generosamente como lo hizo con tantos argentinos, entre ellos un tal Perón...
El pueblo donde nació mi padre, hoy irreconocible. Aquí pasé mi juventud e hice amigos para toda la vida...
En esta bellísima ciudad 'nací a las penas'. Junto a sus murallas conocí el lado más duro del oficio de vivir...
Crecí en una familia en la que la política siempre fue una preocupación cívica, no un medio de vida ni el camino para la glorificación personal. A pesar de su intensa vida política, mi padre receló siempre de la idea de hacer de la nuestra una "familia política" y nos enseñó con el ejemplo a pensar en libertad, a mirar con desconfianza las ideologías, a no experimentar deslumbramientos intelectuales innecesarios y a no practicar idolatrías cegadoras. La República Argentina me brindó una educación pública, gratuita y laica de alta calidad que fortaleció mi vocación por el servicio a mis semejantes. Mi madre, por su parte, nos contagió su pasión por la independencia y ayudó a formarnos como profesionales libres, pero no individualistas ni egoístas, sino solidarios y conscientes de nuestra responsabilidad social. Mi tía nos inculcó rigor, disciplina y sentido del deber. La pobreza nos ayudó a ahuyentar las vanidades y la prosperidad -siempre transitoria- a no desdeñar a quienes sufren necesidades.